
Es la historia de una niña, que jugando a las
casitas, se fumó su libertad y quemó sus fantasías. 17 nada más y un chico que menos mal que la quería. Un regalo equivocado, un castigo bienvenido, llegas unos años antes de lo que habíamos previsto. Lo primero que sea Cristina o
Carlos, lo segundo que un buen día se me ocurrió, invitarte a jugar a las
casitas debajo del edredón. Y perdieron tantos años, de salidas, borracheras, fiestas, bailes, discotecas que se yo. Y olvidaron tantos años de ilusiones, esta si que tiene un rombo esta no. Pero
aunque parezca raro, siguen jugando juntos, los dos.
Aquella niña fue creciendo, a pasos de mayor, aparcó sus tonterías en cajas de cartón, fue en 1984 cuando ella y él cambiaron de
afición, chiquilladas de menos de 20 años, por un niño cabezón. Y perdieron tantos años, de salidas, borracheras, fiestas, bailes, discotecas que se yo. Y olvidaron tantos años de ilusiones, esta si que tiene un rombo esta no. Pero
aunque parezca raro, siguen jugando juntos, los dos.