Da igual que pon-
gas, lo que tu
quieras. Es tuya.
Así que, tu man-
das.
Si la haces al fi-
nal de un mes que
no ha sido especi-
almente especial,
cobrará más sen-
tido el juego.
Haz un viaje. A
un sitio que te en-
cante, o que quie-
ras visitar.
Llévate la lista.
Y allí, leela, y me-
morizala, porque
será la ultima vez
que la veas.
Y allí, en tu lugar
elegido, deshazte
de ella.
Siempre puedes
hacerla trizas, y
dejar que se la lle-
ve el viento. Por
eso que dicen de
que las palabras
se las lleva el ídem.
También puedes
quemarla. Las ceni-
zas son irrecupera-
bles.
O quizá te guste
más enterrarla,
como cuando juga-
bas a los piratas y
el tesoro escondido.
O tal vez, prefieras
tirarla al mar.
Realmente eso te
puede llegar a arre-
glar los últimos días
del mes.




